
Posiblemente, la literatura es, entre las siete bellas artes, la menos valorada y apreciada. Siempre me ha llamado la atención el escuchar esta frase: "No, es que a mí no me gusta leer". Pero nunca, y cuando digo nunca quiero decir jamás, he escuchado a alguien decir "A mi no me gusta el cine" o la variante "No, es que detesto la música". Adoro leer, así que es posible que se me pueda acusar de no ser imparcial sobre este asunto, pero son artes tan complejas, ricas y extensas, que es altamente improbable que no te guste ningún género o artista que contribuyen a ellas. Cuando escucho esa aseveración inmediatamente pienso que la única explicación posible es que esa persona no sepa leer, no en un sentido de incapacidad o analfabetismo, sino en un sentido más técnico. Nadie nace sabido, y para aprender, hay que practicar. El primer día que empieces a correr, no correrás la maratón; el primer día que empieces a leer de verdad, tendrás que esforzarte para conseguir mejorar. La lectura requiere un esfuerzo mental que se va desarrollando, tal y como los atletas desarrollan sus músculos entrenando. Con el tiempo se adquiere habilidad, velocidad y resistencia, lo que te lleva a abordar lecturas más complejas, más largas y, sobre todo, a disfrutarlas más.
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